{"id":598,"date":"2019-01-07T11:47:04","date_gmt":"2019-01-07T11:47:04","guid":{"rendered":"http:\/\/josemorella.com\/?p=598"},"modified":"2019-01-07T11:47:04","modified_gmt":"2019-01-07T11:47:04","slug":"el-oficinista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/josemorella.com\/ca\/el-oficinista\/","title":{"rendered":"El oficinista"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\" lang=\"es-ES\"><span style=\"font-family:Inconsolata, sans-serif;\"><span style=\"font-size:large;\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-599 alignright\" src=\"https:\/\/josemorella.com\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/saccomanno.jpeg\" alt=\"saccomanno\" width=\"311\" height=\"311\" srcset=\"https:\/\/josemorella.com\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/saccomanno.jpeg 800w, https:\/\/josemorella.com\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/saccomanno-300x300.jpeg 300w, https:\/\/josemorella.com\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/saccomanno-150x150.jpeg 150w, https:\/\/josemorella.com\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/saccomanno-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 311px) 100vw, 311px\" \/>El poeta Antonio Porchia dej\u00f3 escrito lo siguiente: \u00abel dolor est\u00e1 arriba, no abajo. Y todos creen que el dolor est\u00e1 abajo. Y todos quieren subir\u00bb. Leyendo la distop\u00eda <\/span><\/span><span style=\"font-family:Inconsolata, sans-serif;\"><span style=\"font-size:large;\"><b>El oficinista<\/b><\/span><\/span><span style=\"font-family:Inconsolata, sans-serif;\"><span style=\"font-size:large;\">, de Guillermo Saccomanno, el sentido de las palabras de Porchia cobra volumen. Ese oficinista del futuro, ese ser cuya calidez, amabilidad y ternura est\u00e1n adelgazadas hasta los huesos como si fuera el prisionero de un invisible campo de concentraci\u00f3n para las almas, no hace m\u00e1s que hu\u00edr compulsivamente de lo de abajo. En alg\u00fan momento, sin embargo, tiene momentos de lucidez: \u00ablos cuerpos acurrucados en un umbral, abrigados con diarios y cobijas orinadas junto a sus \u00fanicas pertenencias contenidas en una bolsa o un carrito de supermercado. Al menos quien ha ca\u00eddo tan bajo, se consuela, ya no tiene que velar angustiado y obsecuente por la conservaci\u00f3n de un escritorio y queda libre de la paranoia, las maquinaciones y los p\u00e1lpitos de complot\u00bb. La novela de Saccomanno nos plantea el problema de la despersonalizaci\u00f3n. El oficinista del futuro vive en una abrumadora paranoia. Su mundo exterior est\u00e1 plagado de terroristas cotidianos que ponen bombas en el metro, jaur\u00edas de perros clonados que invaden la ciudad, delincuencia casi insoportable, contaminaci\u00f3n mortal en el aire, peligro de ser delatado y castigado en cualquier momento. Un mundo en el que vivir es demencial. Y su mundo interior est\u00e1 hecho de miedo, inseguridad y corazas emocionales. Tiene una familia de la que se encuentra desconectado. Su mujer y sus hijos le aterrorizan y le dan asco. Ellos, por su parte, lo maltratan. S\u00f3lo uno de sus hijos, al que llama el viejito -parece ya un viejo- le provoca sentimientos positivos, pero m\u00e1s de pena que de verdadero amor. El oficinista, y -parece ser- la humanidad en general, no pueden permitirse sentir compasi\u00f3n por nadie. Se vive con el temor de ser atacado por tus allegados, de perder el trabajo, de quedar en la calle. Saccomanno parece explicarse el futuro como un lugar donde se estrecha hasta casi desaparecer la posibilidad de actuar pol\u00edticamente. Se es pro sistema (aunque sea por miedo) o terrorista. No hay nada intermedio. La \u00fanica posibilidad de rebeli\u00f3n est\u00e1 en la fantas\u00eda: \u00abLe gusta pensar que \u00e9l, a pesar de su car\u00e1cter manso, puede ser, dada la circunstancia, feroz. Si se le presentara la circunstancia, podr\u00eda ser otro\u00bb. Ese otro es el que asoma levemente al mundo cuando se enamora de la secretaria, de la que sospecha todo el tiempo que es la amante del jefe. Nunca uno acaba de entender qu\u00e9 es ese amor. Es un amor te\u00f1ido de odio por uno mismo y por los otros, de resentimiento, de rencor, de inseguridad. Por momentos odia a la secretaria, pero algo en \u00e9l se hace adicto a la idea de estar con ella. Ese otro que le vive dentro se hace un personaje grande, y la novela crece con \u00e9l. Esa fantas\u00eda resulta pat\u00e9tica, pero es lo \u00fanico que tiene. El oficinista es un ser anor\u00e9xico espiritualmente. Pero Saccomanno parece decirnos que no es especial. El futuro que dibuja se basa en esa anorexia. <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"western\" lang=\"es-ES\"><span style=\"font-family:Inconsolata, sans-serif;\"><span style=\"font-size:large;\">Algo que me impresion\u00f3 fue el modo sencillo y eficaz con que el texto introduce, en cosa de un p\u00e1rrafo, la realidad latinoamericana en el horizonte del lector. La ciudad donde vive el oficinista podr\u00eda ser cualquier ciudad del mundo hasta que aparece el componente ind\u00edgena: \u00abNo es novedoso ver parir a una india. Todo el tiempo est\u00e1n pariendo las indias. Todo el tiempo en todas partes. Sin embargo el espect\u00e1culo no deja de llamar la atenci\u00f3n. El p\u00fablico, cada vez m\u00e1s numeroso, contempla el parto como un acto de arte callejero. Ante la india hay tendida una manta con bolsitas de polietileno, una variedad de especias y hierbas. Piment\u00f3n, aj\u00ed molido, or\u00e9gano, s\u00e9samo, salvia, laurel, tomillo, azafr\u00e1n, manzanilla, tilo. Junto a la india tambi\u00e9n hay una lata con monedas y billetes arrugados\u00bb. Aldous Huxley pensaba que el mundo empeorar\u00eda no tanto por la censura y la represi\u00f3n, sino por el advenimiento de una aparente libertad absoluta de opciones: todo es entretenimiento. Se nos ofrecer\u00e1 una ilusoria saciedad del apetito infinito que tendremos por las distracciones. Ver parir a una mujer es una forma de entretenerse. Arte callejero. Yo quiero pensar -aunque esto Saccomanno no lo dice, ni siquiera lo insin\u00faa- que para la mujer ind\u00edgena es un acto pol\u00edtico, el \u00fanico posible que le queda, al estilo de las inmolaciones en la calle de los tibetanos actuales. Es como si las ind\u00edgenas dijeran: parimos en cualquier lado porque el mundo es nuestra herencia y es todo nuestro y de todas. As\u00ed lo reivindicamos. Ocup\u00e1ndolo y pariendo en \u00e9l. No aceptamos la medicalizaci\u00f3n, estandarizaci\u00f3n, clasismo, burocratizaci\u00f3n y asepsia de un hospital que, por otro lado, no podremos pagar jam\u00e1s. Hacer como los animales -parir donde sea- se vuelve m\u00e1s humano que lo que hacen los blancos. <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"western\" lang=\"es-ES\"><span style=\"font-family:Inconsolata, sans-serif;\"><span style=\"font-size:large;\">El futuro de Saccomanno es un futuro donde todos tenemos problemas graves de salud mental. La gente intenta continuar dentro del sistma demencial: la oficina, el alquiler, las deudas, los horarios imposibles, el odio cotidiano. Se agarran con todas sus fuerzas a sufrir. Nosotros a\u00fan no hemos llegado a ese punto, pero el texto crea un universo de verosimilitud angustiante. Creo que esa verosimilitud no est\u00e1 tanto en el talento del autor -que es por otra parte evidente- sino en que todos intuimos con claridad que la semilla de todo eso que se cuenta est\u00e1 ya aqu\u00ed. La empezamos a vivir. <\/span><\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poeta Antonio Porchia dej\u00f3 escrito lo siguiente: \u00abel dolor est\u00e1 arriba, no abajo. Y todos creen que el dolor est\u00e1 abajo. Y todos quieren subir\u00bb. Leyendo la distop\u00eda El oficinista, de Guillermo Saccomanno, el sentido de las palabras de Porchia cobra volumen. 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